Coordenada III

Fricciones cotidianas

El conflicto como dimensión constitutiva. La creación cultural como práctica política que sostiene la tensión de manera productiva. Las convergencias/divergencias como inteligencia colectiva.

El conflicto como dimensión constitutiva

La ciudad está hecha de fricciones. Estas fricciones no son accidentes del proceso urbano; son su textura misma.

Tendemos a pensar el conflicto como algo que debe resolverse. Un problema que la buena gestión, el diseño adecuado o el consenso suficiente podrían eliminar. Pero la ciudad latinoamericana, atravesada por desigualdades estructurales y por una diversidad radical de formas de vida, desborda constantemente esa expectativa.

En Bogotá, las tensiones entre la expansión urbana y la protección de los cerros orientales, entre la economía popular y la regulación del espacio público, entre los tiempos del capital inmobiliario y los tiempos del tejido social; son expresiones de una complejidad que cualquier proyecto de co-creación necesita asumir como punto de partida.

Reconocer el conflicto como dimensión constitutiva de la ciudad significa empezar a preguntarse cómo habitamos esas tensiones, y qué hacemos con ellas, qué formas de convivencia son posibles cuando el desacuerdo no desaparece.

La creación cultural como práctica política

Aquí es donde la creación cultural revela sus posibilidades específicas. Las prácticas artísticas y culturales pueden trabajar en la fricción sin pretender resolverla. Un mural en un barrio en disputa territorial no resuelve esa disputa, pero puede hacer visible lo que está en juego, y dar forma sensible a experiencias que el lenguaje técnico o jurídico no alcanza a nombrar.

Estas prácticas operan políticamente porque desplazan los términos del debate de la pregunta ¿cómo resolvemos este conflicto? a ¿qué nos está diciendo este conflicto sobre cómo vivimos juntos? Ese desplazamiento abre espacio para otras formas de enunciación que habilitan la voz del cuerpo, la memoria del territorio y la imaginación de lo posible.

Convergencias/divergencias

Si el conflicto es constitutivo de la ciudad y la creación cultural puede trabajar desde él, la pregunta es cómo sostener esa tensión de manera productiva. Cómo evitar que el disenso se convierta en parálisis o en imposición de una parte sobre las demás.

Proponemos las convergencias/divergencias como encuentros entre modos de conocer y hacer que se potencian precisamente en su diferencia. Arte, ciencia y tecnología convergen cuando se encuentran sobre un mismo territorio, una misma pregunta, una misma urgencia. Pero divergen en sus lógicas, sus lenguajes, sus formas de validar el conocimiento; y es precisamente esa divergencia lo que hace fértil el encuentro.

Las convergencias/divergencias sostienen el disenso como fuerza creativa. En vez de buscar un acuerdo que cierre la discusión, buscan un territorio común donde las diferencias sigan operando, generando perspectivas que ninguna disciplina o actor produciría por sí solo.

Así, el conflicto deja de ser un obstáculo para la co-creación y se convierte en su condición de posibilidad. Co-crear ciudad desde las convergencias/divergencias es asumir que la complejidad urbana requiere respuestas tan diversas como la diversidad de habitantes que la producen.