Coordenada V

La ciudad como continuo

Un continuo análogo-digital, ecológicamente asentada y simbólicamente habitada. La ciudad que se reconoce en su propia naturaleza híbrida.

El continuo análogo-digital

La ciudad que habitamos se despliega simultáneamente en dos registros. Caminamos sus calles, respiramos su aire, nos encontramos en sus plazas; y al mismo tiempo navegamos sus plataformas, producimos datos con cada desplazamiento, participamos de comunidades digitales. Estos dos registros no constituyen ciudades paralelas; son dimensiones de una misma experiencia, un continuo que se atraviesa constantemente.

Un vecino documenta en video la contaminación de una quebrada y lo comparte en redes sociales; ese gesto digital transforma la percepción pública de un territorio concreto.

Pensar la ciudad como continuo análogo-digital abre un campo fértil para las convergencias creativas. En ese continuo, lo que ocurre en el espacio físico deja rastros digitales que pueden hacerse legibles, y lo que se produce digitalmente reconfigura la experiencia material del territorio.

Ecológicamente asentado

Sin embargo, el continuo análogo-digital no flota en la abstracción. Se asienta sobre un territorio concreto. En Bogotá, ese territorio tiene como columna vertebral la Estructura Ecológica Principal (EEP).

La EEP es la red de cerros, humedales, bosques, ríos y quebradas que sostiene la vida en la ciudad. Antecede a la ciudad misma y muy seguramente seguirá ahí cuando las formas actuales de la ciudad se hayan transformado.

La EEP es donde la ciudad adquiere su mayor urgencia y su mayor potencia. Urgencia porque la presión sobre estos ecosistemas es creciente. Potencia porque la EEP es, por su propia naturaleza, un espacio de convergencia que hace posible la vida.

Simbólicamente habitado

Un territorio se abre como espacio de co-creación cuando es otra vez imaginado. El cerro al que se sube para ver la ciudad desde arriba, el humedal donde alguien aprendió a reconocer las aves, la quebrada que marca el límite entre dos barrios. Cada uno de estos espacios existe materialmente, pero también existe como relato, como memoria, como horizonte de sentido compartido.

Habitar simbólicamente el territorio es producir esas capas de sentido. Es el trabajo que hacen las comunidades cuando transmiten las historias de su barrio, cuando nombran como vecinos a los seres vivos con los que comparten el ecosistema.

La ciudad de convergencias creativas es, en última instancia, un continuo análogo-digital, ecológicamente asentado sobre las tramas de vida que la sostienen, y simbólicamente habitada por las comunidades humanas y no humanas que la producen como lugar de encuentros y desencuentros.